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El fin del mundo

Se puso a llover. A cántaros. Tres días. Y el sol desapareció. Pensé que esos eran los tres famosos días que desde chiquillo me habían dicho vendrían a anunciar el fin del mundo. Las calles se vaciaron. Algunos, los creyentes, se arrodillaron en el acto. En la acera. En los parques. En las plazas. No se movieron. Fueron estatuas de mármol. Durante una hora. Después comenzaron los estornudos. Y los huesos terminaron por empaparse. Y se hicieron menos creyentes. Después de 72 horas la tormenta pasó. Y las farmacias hicieron su agosto.


3 comments:

silvia piranesi said...

tu texto es un "ponch" a mi noche.

te dejo alguito:
"nací en un tiempo en que la mayoría de los jóvenes había perdido la creencia en Dios, por la misma razón por la que sus mayores la habían tenido -sin saber porqué".
Pessoa

macizo said...

Ay Manuel, qué rai tu texto...

Vieras que acá, por estos lares, me ha sorprendido lo devota que es la gente a las farmacias, con o sin tres días de oscuridad...

Debe ser porque, al igual que en los pueblitos pequeños, acá, en este Santiago enorme, mole de cemento, esmog y gente, en lugar de la cantina malamuerte y la iglesia, te encontrás una farmacia cada tres metros...

A este condicionamiento, digamos, espacial, hay que sumar el "bourrage de cranes" de cada temporada.

A cada estación su devota enfermedad...así, en invierno, las enfermedades respiratorias (mocos, depresiones, toses, gripes, resfriados y todos sus derivados...neumonías, bronquitis, etc etc etc); en primavera, remedios pa la alergia y medicinas para el "empacho"; en verano, medicinas pa insolaciones, quemaduras, intoxicaciones con mariscos, cremas bronceadoras, cremas autobronceantes, etc etc, y así...así....hacen fila los devotos, toman ficha, se arman de paciencia...como quien entra al confesionario a dar cuenta de sus pecados, de sus miedos.

El farmaceutico de turno, ungido con el poder que le confiere Smith Kline y compañía, receta la cura, vestido con su sotana blanca, implecable; la gente le confiesa y él les da la absolución, y salen con la bolsita plástica, con cara de susto por lo caro que les salió la broma, pero con la esperanza y la fe concentradas en la cajita, la cajita maravillosa, que los va a salvar de sus tres dias de oscuridad.

Gracias por tu texto, mae...

Tartaruga said...

asi me imagino yo tambien el fin del mundo....y asi creo que será el fin del mundo aquí y en macondo!

.elarchivoquehabla